| Werner Herzog o esa otra forma de hacer cine
Construcciones en el interior de la cinematografía, imágenes en blanco y negro o color transportadas a lo inverosímil de mil situaciones, secuencias ralentizadas ofreciendo la dureza de la crueldad de la propia vida. Arquitectura plasmada en imágenes, creación de nuevos conceptos, copiadas desde el punto de vista crítico de un chamán, ese ojo grande que todo lo ve, uno grande: así es como veo a Werner Herzog, un arquitecto del cine.
Mientras que se considera a Fritz Lang como el arquitecto de la oscuridad, Herzog es visto como el de la luz de la imagen, recreándose y mezclando ficción y realidad, jugando fílmicamente a héroes y villanos, plasmando en imágenes una crítica social, tocando lo prohibido. Por ejemplo en ‘Corazón de cristal’ (1976), en la que los actores estaban literalmente hipnotizados. Herzog es un personaje de otro siglo: un aventurero, un pintor, un luchador por la verdad, que busca encontrarse consigo mismo. Lo cual no creo que consiga.
Cada película suya pretende buscar una reivindicación, tanto en las adaptaciones cinematográficas de obras literarias como con sus propios guiones –basados en sus propias vivencias, que no son pocas–.
“El cine no es un arte de escolares, sino de iletrados, y la cultura fílmica no es análisis, es agitación de la mente. Las películas nacieron de las ferias de pueblo y de los circos, no del arte y del academicismo.”
Secuencias criticas bien en ficción o plasmando la vida real, tan real como él mismo.
Grandes equivocaciones como ser uno de los firmantes del “Manifiesto de Oberhausen”, pero sí como uno de los directores del “Nuevo cine joven alemán” de esa época de 1962, que transgredieron la cinematografía alemana de esos momentos y la cambiaron.
“Lo que pasa simplemente es que sólo quedan pocas imágenes. Cuando miro aquí afuera, toda esta edificado, las imágenes no tienen espacio. Uno tiene que excavar como un arqueólogo para encontrar algo en este paisaje herido. Necesitamos imágenes que correspondan a nuestro estado de civilización y a nuestro profundo interior. Me iría a Marte si fuera para encontrar imágenes puras, ya que en esta tierra no es fácil encontrarlas.” Comentario de Herzog en la película Tokyo-Ga dirigida por Wim Wenders.
Werner Stipetic (así es como se llama) nace en Múnich el 5 de septiembre de 1942. Con 15 años escribe su primer guión y con 17 años intenta hacer su primera película, un documental sobre la reforma del sistema penitenciario alemán. Su primer viaje es a los 18 años, marcha a Sudán, pasando múltiples peripecias. Estudia historia, literatura y teatro en la universidad de Múnich.
Obtiene una beca Fulbright y viaja a EE.UU. Intenta estudiar cine y televisión en la Universidad de Pittsburg, pero su estancia se limita a tres días. Trabaja en el U.S. National Aeronautics and Space Administration, termina expulsado de EE.UU. y, según Herzog, a partir de ese momento vive del contrabando de televisores en la frontera mexicana.
Con 22 años (1964) gana el “Premio Carl Meyer” por el guión Signos de vida. Tres años más tarde rueda la película y gana el Oso de Plata en el Festival de Berlin.
Su trabajo es difícil de clasificar. Como he dicho anteriormente, es el chamán del Séptimo arte. Sus trabajos están bastante alejados de los efectos de Hollywood. “Quiero que los espectadores recobren la confianza en lo que ven sus ojos” , comenta sobre Fitzcarraldo. “Quiero que los espectadores se sientan impresionados por el transporte del barco, montaña arriba, es porque saben que se trata de algo real y no trucado [...] Escribí un diario de rodaje de una centena de páginas, pero no creo que llegue a publicarlo, aunque es más apasionante que el mismo filme. No es un verdadero diario sino una especie de escritura que, como en un proceso mágico, quiere conjurar la desgracia. Estas páginas tienen una belleza tan terrible que ya no me atrevo a leerlas ahora.”
Con su última película, Grizzly Man, vuelve a abarcar lo que más le interesa: ficción y sobre todo documental (es decir, realidad). Herzog explora la vida y muerte del experto en osos Grizzly Timothy Treadwell, que vive con estos osos durante trece años sin ningún tipo de armas y graba los últimos cinco años que vivió allí. En Grizzly Man no sólo se muestran los misterios de la naturaleza salvaje, sino también los enigmas del ser humano, tal y como vemos en Treadwell en los últimos años de su vida en la selva. Herzog utiliza las imágenes originales que Treadwell había grabado para enseñar la complejidad y difícil relación entre el hombre y la naturaleza, en este caso con animales salvajes.
El paisaje está claramente inscrito en la obra de Herzog. Él mismo afirma que más de una de sus películas surgieron de un paisaje. A menudo, las tramas y las localizaciones se unen en una simbiosis en la que la naturaleza es ilimitadamente brutal. Para Herzog, la luz de la naturaleza siempre tapa un lado negro y frecuentemente nefasto para sus antihéroes. Se puede decir que el paisaje es un personaje más de sus historias y tiene un papel principal en el desarrollo de la trama.
Crea un increíble mundo (o digo mejor: un universo estético) difícil de igualar.
Para terminar qué mejor que una de sus frases:
“El desierto es un paisaje de trance, o si se quiere, no es tampoco un paisaje, sino el sueño de un paisaje, su transformación en algo que antes no se había visto aún, la imagen "nueva" o la realidad vista de modo nuevo, traspuesta, verdadera, pero también fruto de la pesadillas...”
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